Meditaciones en el desierto

1987 – 88

Pinturas – Dibujos y bocetos – Textos


Con la intención de aislarme y pintar, en el verano de 1987 alquilé una vieja casa en Serena, en la zona de Mojácar, Almería, un lugar apartado al que, entonces, se llegaba por una pista de tierra.  Quería, enfrentándome a la realidad natural, alejarme de mi rutina en el estudio para encontrar una verdad más profunda o más legitimidad en mi trabajo; anhelaba dibujar y pintar al aire libre para que éste me ofreciera algo que no conociese, algo que se me escapaba cavilando entre cuatro paredes. Esperaba que el viaje por el mero hecho del desplazamiento me trajera nuevas experiencias, aventuras sin par. Quería salir al campo, para reconocer las formas, para ajustar el color, pero no supe encontrar nada, sólo lo que ya sabía. 

Lo más precioso de aquellos días fue saborear un tiempo de lecturas en quietud y soledad, y, por contraposición, las visitas de los amigos y las excursiones que hicimos por los alrededores. Pero lo que se dice pintar algo que me convenciese, allí no pinté nada, sólo hice bosquejos y fotografías. Lo más probable es que la abrasadora realidad me achicharrase el cerebro, como si nada más el deseo de adentrarme en la ansiada naturaleza hubiera aniquilado mi voluntad. 

La presencia contundente de los acogedores algarrobos frente al sofocante sol, la majestuosidad de los montes recortados por un cielo brillante, la sinuosidad de los caminos que se perdían tras los cerros, las yermas tierras en las que crecían las cimbreantes palmeras, las líneas quebradas de las agostadas casas y las tormentas que llegaron a finales de agosto, me sobrepujaron. Sumergido en el espacio natural no pude soltar mi torpe mano, ni cultivar mi rústica mente. Me ofuscó la hiriente existencia, me deslumbró la sinceridad de aquella luz.  

A pesar de todo, como el viajero que se viste con las vivencias de sus caminos, mis sentidos se empaparon de intensas impresiones y mi espíritu de vivas emociones y sentimientos.

Y, no fue hasta llegar al estudio de la ciudad cuando empezaron a surgir –impregnados aún de las reflexiones de los dípticos, de apariencias y realidades, de representaciones y su negación- algunos trazos con sentido y a aflorar algunos ambientes que verdaderamente reflejaban lo que viví en aquel desierto.


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