Factor fáctico

2013 – 14

PinturasDibujos y bocetos – Textos


Después de unos años dedicando más tiempo a la fotografía y al vídeo que a la pintura, de nuevo, de forma paulatina, vuelvo a pintar asiduamente. Una extraña sensación me había rondado durante ese tiempo: aun estando contento con los trabajos fotográficos, tenía la sensación de no haber dejado de pintar, nada más había cambiado de medio. Sentía un hueco, sin embargo, una falta, un vacío. Necesitaba mancharme las manos, construir una estructura con materia, inventar físicamente formas y ambientes, ser ilógico de modo más directo.

El retorno a la actividad pictórica fue como una vuelta al origen, como una toma de tierra, como volver a tener contacto con lo corporal. De ahí el título “factor fáctico”, haciendo referencia a la necesidad de tener una relación directa con lo que sucede, en el plano de la reflexión personal sobre mi trabajo y en el de la atenta observación de lo que ocurre en el proceso de pintar. Palpar los materiales supuso renovar la confianza en mí mismo, reafirmándome en la necesidad de mostrar el trabajo a otros, con el propósito de, mediante el contacto y el diálogo bienintencionados, enriquecer mi labor y ampliar sus miras.

Sentí que debía crear las condiciones o acopiar las circunstancias, tanto pictóricas como emocionales, que contribuyeran a producir un suceso, cuyo fruto dependería de los hechos convocados, de lo que aconteciera en esa cita, pero sin ser absolutamente racional y dándole menos importancia a lo teórico. 

Como otras veces, en momentos preambulares, de inicio y fluctuación, se impuso un propósito de libertad, de huida de los prejuicios, de espontaneidad. Mirar hacia el interior, tomar de nuevo contacto con la intimidad. Emergió así un protagonista de la obra, un personaje perdido en el bosque, hombre y naturaleza, evocación de mis trabajos anteriores con una orientación más psicológica; un personaje que se fue pareciendo, ¡oh, sorpresa!, a mí mismo, en el fondo protagonista perenne de todas estas obras a lo largo de los años, plasmado en autorretratos que son una maraña de líneas enroscadas de forma laberíntica en pinceladas crudas, a veces hirientes.

Maraña, laberinto, heridas: retratos de toda una vida que aquí, amigos, os ofrezco

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